Morfológicamente, la línea es definida como
una sucesión de puntos que, por su naturaleza, transmite energía, es generadora
de movimiento. Entre las funciones plásticas que puede desempeñar la línea,
podemos señalar las siguientes, a partir de la exposición del profesor Justo
Villafañe (1987, 1995):
- La línea
constituye un elemento formal que permite separar los diferentes planos, formas
y objetos presentes en una composición determinada (recordemos que la línea de
contorno es el elemento que permite distinguir una figura de un fondo
perceptivo –ley de la figura-fondo-, como señala la teoría de la gestalt).
- La línea es un
elemento clave para dotar de volumen a los sujetos u objetos dispuestos en el
espacio bidimensional de la representación visual.
- Cuando la
línea coincide con los ejes diagonales, su capacidad dinamizadora es todavía
más evidente.
Por otra parte, las líneas horizontales,
verticales u oblicuas pueden dotar de peculiares significaciones a la imagen,
connotando respectivamente materialismo, espiritualidad o dinamismo.
Las líneas curvas presentes en una
composición suelen transmitir movimiento y dinamismo frente a la línea recta.
Finalmente, conviene subrayar, como afirma
Villafañe, que “la línea es un elemento plástico con fuerza suficiente para
vehicular las características estructurales (forma, proporción, etc.) de
cualquier objeto” (Villafañe, 1987, p. 106).
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